Monstruosos
Ocasionalmente, la Momia se quita el arcaico vendaje y practica el nudismo. Es así como surgió el hombre invisible.
- Martín Gardella
Ocasionalmente, la Momia se quita el arcaico vendaje y practica el nudismo. Es así como surgió el hombre invisible.
- Martín Gardella
Acusado de pertenecer a un grupo conspirador lo buscaron en su confortable casa de playa y lo detuvieron. Fue encarcelado aunque se le concedió una celda con ventana. Por la ventana miraba el paisaje: hoy un bosque, mañana un río, después un valle y sus montañas. Hasta que los conspiradores triunfaron. Entonces, vio borrarse los muros de la cárcel y, luego de un destello blanco que lo encegueció, se encontró en un enorme y desnudo recinto. Hundidos en la penumbra, igualmente distanciados entre sí, había otros como él. Parecían equilibristas aterrados: se les había desvanecido el mundo y no se atrevían a dar un paso. Algunos tanteaban el piso con las manos como si comprobaran la consistencia de ese ignorado sustrato de la realidad. Pero el terror duró sólo unos instantes: sin que él se moviera del lugar, un nuevo relámpago de luz blanquísima volvió a instalarlo en su confortable casa de playa.
- Raúl Brasca
La vi por detrás. Como un cuervo vencido se acercaba al macizo de rosas. Apuntó a las flores con la regadera y el agua le empapó las chinelas.
Los perdió a los tres. Murió el viejo y detrás marcharon los hijos. Con los pies mojados cerró la puerta y no volvió a salir.
La mañana que se negó a abandonar la cama marchitaban los rosales que secaron cuando ella dejó de comer. La hallamos fría en el lecho en el que amó y parió, sin enfermedad ni diagnóstico.
La enterramos junto a ellos.
- María Gutiérrez
Él, decía que me amaba y me odiaba al mismo tiempo. Yo sufría. Yo tenía un tiempo para el amor y un tiempo para el odio, tiempos distintos, separados, convulsos ambos. Ahora sé lo que es amar y odiar en el mismo acto. Le enterré, dulcemente, la azagaya hasta la empuñadura, cuando llegábamos juntos al culmen del amor.
- Juan Yanes
Un mal día, el hombre invulnerable tuvo un ataque de arrogancia y, tras prescindir por vez primera de su calzado habitual, marcadamente juvenil e innovador, decidió ponerse los zapatos de su difunto bisabuelo, sin contar en absoluto con que el pasado y la decrepitud, que esperaban al acecho la ocasión propicia, le invadieran de golpe a través de una imperceptible herida que tenía abierta en el dedo meñique del pie izquierdo, provocando su muerte instantánea.
- Javier Puche
Lo terrible sucede una mañana de éstas. Usted sale de su casa y olvida la cara en el espejo. Anda todo el día sin saberlo. Es decir, que nadie se lo dice. Nadie le reprocha tanta lisura, esa página neutra en lugar del rostro. En realidad, usted piensa que nadie lo mira ni lo ha mirado nunca, preocupados como están los demás por sus propias arrugas.
Pero no es así. Ellos murmuran. Y el murmullo crece como una música indeseable. En voz baja, con guiños cómplices y esquelas anónimas que cruzan la oficina, conspiran contra usted.
Tampoco sus vecinos o su mujer o sus hijos le señalan el olvido. Nadie parece advertirlo. Tampoco usted, lógicamente, que al mirarse nuevamente en el espejo, recupera la cara perdida.
- Orlando Van Bredam
La acarició y la besó antes de colocarla sobre la marca de los once pasos. Mujer al fin y al cabo, la pelota percibió lo falso de aquel acto y fue directa a los brazos del portero.
- José Manuel Ortiz Soto
Los padres de Gulliver se empeñan en comprarle una bicicleta para que vaya, como los demás niños, pedaleando al instituto, ahora que en Liliput construyen por doquier carriles-bici y la conducción se ha vuelto más segura. Pero Gulliver rechaza el regalo, pues insiste en que el instituto está solo a dos pasos de distancia: con el primero planta el pie en la plaza del ayuntamiento; con el segundo, en el patio mismo del centro. Prefiere, en todo caso, un despertador para levantarse temprano y evitar la salida en hora punta.
- Antonio Serrano Cueto
Mi vecina del 105 tiene un trastorno mental. Desconozco cómo se llama o a qué se debe, pero con frecuencia, llega a mi apartamento, toca a la puerta y pregunta por ella misma. “¿Está Cecilita?”, dice hurgando con la mirada en la sala. Las primeras veces sencillamente optaba por decirle que estaba equivocada, pero con las repeticiones, hace poco decidí una respuesta contundente: “Señora, Cecilita murió hace años. Un vecino que no la soportaba la mató”. Desde ese momento, en lugar de ahuyentarla, ahora vuelve cada día a preguntarme cómo ocurrió el asesinato. Cada vez que viene, le adelanto un detalle de su futuro.
- Esteban Dublin
Anoche, el perro nos despertó con sus ladridos. Me levanté del sillón y salí al camino. Estaba ladrándole a la luna, que se erguía con la sorda parsimonia de los astros entre unos pinos ramudos o insolentes. Entonces dije: «¡guau!»
- Pablo Gonz