Mensaje de medianoche

por redacción el 31 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Fayad, Luis

Desde hacía un mes la rata rondaba todas las noches por el apartamento. Leoncio la oía, dueña del lugar, y había ensayado deshacerse de ella instalando trampas y rociando veneno por el piso. También en vano obstruyó los agujeros de los rincones y se paró amenazante con una escoba detrás de las puertas. Al cabo del mes Leoncio se notó a sí mismo con el carácter cambiado, y escribió una nota: «Por favor, déjeme tranquilo». La colocó en el piso de la cocina y se acostó confiado, pero lo único que varió durante la noche fue el pasearse impaciente de la rata, y a la mañana siguiente, cuando leyó de nuevo la nota, Leoncio tuvo la impresión de que iba dirigida a él.

-Luis Fayad

El sueño

por redacción el 30 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Yanes, Juan

Me desperté en un lugar del sueño que no era el lugar desde el que soñaba. Yo sabía que estaba despierto dentro de un sueño y que por lo tanto debía dormirme otra vez e intentar buscar la salida, el camino de retorno. Quería dormirme y buscaba, pero no encontraba la forma de salir. Poco a poco me fui dando cuenta de que aquel sueño era la muerte. Me había muerto en el transcurso del sueño originario. Este sueño, el de la muerte no tenía posibilidad alguna de escapatoria. Ahora, cada vez que despierto, despierto en un lugar diferente de ese sueño sin límites.

-Juan Yanes

Cigarras y hormigas

por redacción el 30 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Barrera, Alberto

Durante ese verano, ese otoño y esa primavera la cigarra cantó, leyó libros maravillosos, se hinchó de frutas de comarcas lejanas, fornicó y bebió hasta desfallecer, durmió sobre el humo de las ramas del sauce. Mientras, la hormiga -que sabe leer y conoce la historia- saqueó con su modestia la montaña, llenó de hojas, migajas y restos de vecinos muertos toda su cueva. Meticulosa, la hormiga pasó el año ahorrando para cuando el viento y la lluvia feroz.
Y llegó el invierno (como suele suceder en la literatura y en el mundo) y arrasó con todos los planetas. Del reino sólo quedaron raíces y hojas de plátano, susurros atrapados bajo el hielo, cadáveres simples y pequeños (cigarras y hormigas, por ejemplo).

-Alberto Barrera

La Pelea

por redacción el 30 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Araujo García, Cristina

Estábamos en la cocina. Discutimos. Le grité. Él se puso como un energúmeno. Cuando se me cayó el diente al suelo nos dimos cuenta de que la discusión se nos había ido de las manos.
—Lo siento —me dijo.
—Debí controlar los nervios —concedí yo.
Se agachó y cogí un cuchillo. Me dio el diente y lo piqué. Siempre nos ha gustado el pollo con un poco de ajo picado por encima.

-Cristina Araujo García

La magia del sauna

por redacción el 27 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Fernández, Marcial

El obeso Sr. Walsh descubrió la gran fórmula: si permanecía dos minutos más —con respecto a la mañana anterior— adentro del baño-sauna, dicho acto de voluntad le significaría adelgazar un kilogramo de peso diariamente. Y como quien dice, puso cuerpo a la obra (o anti-obra, diría alguno). Y pasaron los meses: y las mañanas de sauna se volvieron mañanas y tardes; y las mañanas y tardes: mañanas, tardes y noches. No obstante, llegó el momento en que el delgadísimo Sr. Walsh no tenía kilogramos de su cuerpo que restar pero sí minutos del día que sumar; esto fue cuando desapareció al enflaquecer un segundo de más.

-Marcial Fernández

Pulseada

por redacción el 27 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Brasca, Raúl

Todos los días durante veinte años, la mujer espió desde su ventana al hombre que pasaba largas horas inmóvil frente al mar mirando fijo hacia el sudeste. Hasta que un día, a las diez de la mañana, lo vio demudarse y abandonar su puesto de observación. Sin saber por qué, se puso a llorar.

Del otro lado del mar, a la misma hora, una mujer que acababa de abandonar su ventana después de veinte años, había corrido por la playa hasta el hombre que pasaba largas horas mirando fijo el mar hacia el noroeste y lo estaba besando. Cuando sus labios se separaron, este segundo hombre volvió a tender la mirada sobre las olas: la del otro ya no la interceptaba. Entonces tomó a la mujer por el hombro y se fueron juntos.

El primer hombre y la primera mujer aceptaron la derrota. Ella cerró su ventana para siempre y él se recluyó en soledad durante el resto de su vida.

-Raúl Brasca

Contorsionista

por redacción el 26 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Muñoz Valenzuela, Diego

Se dobló hacia abajo en un ángulo imposible mientras al público se le cortaba la respiración. Su cabeza quedó adherida a la columna vertebral; sus brazos giraron como aspas a vertiginosa velocidad. Encogió las piernas para dar un salto y abrió una boca gigantesca para devorarse a sí misma. Desapareció. El público aplaudió a rabiar, desconcertado. Jamás regresó.

-Diego Muñoz Valenzuela

El hijo de Yocasta

por redacción el 24 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Gelaz, Alejandro

Al pequeño no le gusta perder, sabe de la importancia de adivinar acertijos, salva. Madre e hijo juegan a los héroes con pequeños maniquíes articulados. A él le basta un cruce de miradas para atrapar lo irradiado por su progenitora. Sentencia esta complicidad un dictamen: ser el reflejo de un mito. Vaticinio desde su propio alumbramiento, parto inducido, cesárea tras la muerte de un infartado padre. Ahora el chiquillo le sonríe a su mamá mientras le arranca a los muñecos los globos oculares.

-Alejandro Gelaz

Comida china

por redacción el 24 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Beccar Varela, Delfín

Entré al Kuong Tong y vi al Jefe sentado a la cabecera de la mesa acompañado de su guardia pretoriana. Al verme levantó la mano y me señaló una silla. Tomé posición frente a él y en cuanto intenté hablar me calló con un seco: —Primero comida, luego negocios.

Apareció el mozo con un plato de arrolladitos primavera con salsa agridulce y una porción de Chop Suey de pollo. Ansioso por lo que podría pasar tragué como pude aquellas delicias asiáticas.

—Sabes cómo es el negocio, el que las hace las paga –me dijo con total frialdad–. Rumores dicen que te quedadaste pagos que no eran para ti. Ya está hecho, ya me lo cobré; que no vuelva a pasar. Ahora come, cuando termines te vas.

Preocupado llegué a casa, Hua-Fuzhou no estaba. En la cama había una nota: “No la vas a volver a ver nunca, igual quédate tranquilo que la vas a llevar adentro por siempre”.

-Delfín Beccar Varela

La fe de un náufrago

por redacción el 23 Agosto 2008 — Categoria * TODOS, . Leija, Marcos

Una botella de vino fue arrastrada por el mar a la orilla de una playa. A punto de colocarla en la basura un turista, su hijo le advirtió que no lo hiciera. Tal vez un genio podría estar atrapado adentro.

El hombre sonrió y en su intento por demostrarle al niño la inexistencia de seres mágicos, le quitó el corcho al envase. Del casco vacío, salió el grito de auxilio de un náufrago atrapado en una isla desierta.

-Marcos Leija

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