Eurídice

por redacción el 29 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . De la Colina, José

Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:

-Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.

Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos…

Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.

Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.

-José de la Colina

Perplejidad

por redacción el 27 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Brasca, Raúl

La cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.

De golpe, algo ha sobrecogido a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis hijos?. Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?.

Cierva, león y cazador se han detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas como colgadas del cielo, todo ser animado que habita sobre la Tierra duda sin atinar a hacer un movimiento.

Es el único, brevísimo hueco que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se reanuda la vida.

-Raúl Brasca

Cuento de horror

por redacción el 27 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Arreola, Juan José

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

-Juan José Arreola

Los caramelos

por redacción el 26 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Puche, Javier

En mitad de la mesa, hacinados en un cóncavo recipiente, duermen los caramelos. Su sueño es dulce y sin ronquidos. La mano que elegirá a uno de ellos todavía está lejos, ni siquiera ha entrado en la habitación, ni siquiera ha pulsado el timbre de la casa. Cuando esto suceda, cuando la mano salga al fin del bolsillo, pulse el timbre, entre en la habitación y se aproxime a la mesa, los caramelos se desprenderán de su dulce sueño agitándose levemente, y cada uno de ellos rezará esperanzado a su dios particular (de color rojo, de color verde, de color naranja) para ser el elegido y disolverse para siempre en el cielo de una boca.

-Javier Puche

Mujer de agua

por redacción el 24 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . García Morales, Maribel

Meditando sobre las precauciones que habría de tomar, la mujer dirigió su cristalino cuerpo hacia la playa. En ese momento lo vio y supo que ya nunca podría estar lejos de él.
Decidida, se prendió a su pie y en la intimidad de la ducha cada mañana lo acarició con fruición entregándole con amor su femenina presencia. El hombre no supo nunca de aquella salina amante que, en secreto, se fue yendo por entre la rejilla de su baño.

-Maribel García Morales

La araña

por redacción el 23 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Estrada Medina, Miriam

Cuando la araña descubrió que tejer no era su vocación, decidió vender el hilo. Compraría los insectos y, aun así, tendría como ganancia todo el tiempo del mundo para disfrutarlos.

-Miriam Estrada Medina

El crimen perfecto

por redacción el 21 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Galeano, Eduardo

En Londres, es así: los radiadores devuelven calor a cambio de las monedas que reciben. Y en pleno invierno estaban unos exiliados latinoamericanos tiritando de frío, sin una sola moneda para poner a funcionar la calefacción de su apartamento.

Tenían los ojos clavados en el radiador, sin parpadear. Parecían devotos ante el tótem, en actitud de adoración; pero eran unos pobres náufragos meditando la manera de acabar con el Imperio Británico. Si ponían monedas de lata o cartón, el radiador funcionaría, pero el recaudador encontraría, luego, las pruebas de la infamia.

¿Qué hacer?, se preguntaban los exiliados. El frío los hacía temblar como malaria. Y en eso, uno de ellos lanzó un grito salvaje, que sacudió los cimientos de la civilización occidental. Y así nació la moneda de hielo, inventada por un pobre hombre helado.

De inmediato, pusieron manos a la obra. Hicieron moldes de cera, que reproducían las monedas británicas a la perfección; después llenaron de agua los moldes y los metieron en el congelador.

Las monedas de hielo no dejaban huellas, porque las evaporaba el calor.

Y así, aquel apartamento de Londres se convirtió en una playa del mar Caribe.

-Eduardo Galeano

El idiota

por redacción el 20 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Jiménez Emán, Gabriel

Cuando el sabio señaló la luna, el idiota se quedó mirando el dedo del sabio, y vio que se trataba del índice. Era un dedo arrugado, envuelto en una epidemis desgastada, cuyo tejido anterior se hacía tan fino que el espesor de la sangre, fragmentado en pequeños puntos rojos, se dividía a su vez en forma de tabique, debido a las líneas irregulares que en grupos de cinco separaban a las falanginas de las falangetas. Por la parte posterior, en la superficie de los nudillos, estas líneas eran más numerosas y parecían nervaduras de hoja, pues el sabio era tan viejo que la piel del nudillo era un pellejo de consistencia inerte, y hasta tenía ciertas marcas de los mordiscos leves que el sabio le había dado en los momentos de reflexión.

En los demás dedos del sabio había ciertos vellos, que el idiota apenas conseguía registrar con el ojo, tal era su concentración en el índice, distintos de aquellos por ser lampiño, con los poros más grandes y de una uña más pronunciada, curva y de una pátina tenue de amarillo. Su superficie se adivinaba casi tan lisa como la de un cristal, y brillaba. El contorno de la cutícula estaba perfectamente dibujado; no había en su línea cóncava ni el más mínimo desprendimiento. El nacimiento de la próxima uña, blanco y puntiagudo, formaba con la cutícula un óvalo que el sabio miraba a veces, encontrando en él una especie de centro universal cuyo significado desconocía. Se detuvo por fin el idiota en la parte superior de la uña, que coincidía exactamente con el nivel de la yema y cuyo borde se inclinaba hacia abajo. Allí el idiota vio, perfectamente reflejada y redonda, a la luna.

-Gabriel Jiménez Emán

El hombre desparejo

por redacción el 19 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Serrano Cueto, Antonio

Hora punta en los andenes del metro. Un hombre corre precedido por su sombra, que camufla sus perfiles humanos entre el gentío atropellado. El hombre ignora que ha salido de casa desparejo. Llega al trabajo y saluda, pero su saludo suena geminado, porque ya saludó antes su sombra. Es mediodía. El hombre se dispone a almorzar donde suele. En la mesa quedan restos del almuerzo reciente de su sombra. Cumplida la jornada, atardecida la hora, el hombre vuelve a casa. Por su habitación camina descalzada su sombra. A pesar del cansancio, inicia en la cama el ritual del deseo con el cuerpo de la amada, pero ella duerme ya gozosamente satisfecha.

-Antonio Serrano Cueto

Tatuaje

por redacción el 18 Septiembre 2008 — Categoria * TODOS, . Quintero, Ednodio

Cuando su prometido regresó del mar, se casaron. En su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujó en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.

La felicidad de la pareja fue intensa, y como ocurre en esos casos, breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad contraída en las islas pantanosas del oeste. Y una tarde, frente al mar, con la mirada perdida en la línea vaga del horizonte, el marinero emprendió el ansiado viaje a la eternidad.

En la soledad de su aposento, la mujer daba rienda suelta a su llanto y a ratos, como si en ello encontrase algún consuelo, se acariciaba el vientre adornado por el precioso puñal.

El dolor fue intenso, y también breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella, al principio esquiva y recatada, lentamente fue cediendo terreno. Concertaron una cita; y la noche convenida ello lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.

-Ednodio Quintero

Pagina siguiente »