Desconfianza
En el transcurso de la partida, me regaló el caballo. Yo le miré el diente, por si acaso.
-Juan Yanes
En el transcurso de la partida, me regaló el caballo. Yo le miré el diente, por si acaso.
-Juan Yanes
Quise y fui más que el resto en aquello de volar, volar en serio, probar e irse allá lejos donde el cielo destella transparente y más aun, donde gime y se retuerce en su espesa negrura y lo sumerge a uno en el asfixiante placer de vivir hasta morir y desde allí nomás lanzarse en picada al vació.
Quise acabar con la metáfora inocente del viento que acaricia sensual y tímido los contornos de los rostros humanos sin penetrarlos, quise que sus falanges fueran púas sagaces todas ellas, capaces de vejar hasta la impudicia cada surco que se insinúa en mi frente, un genuino sentir el viento en la cara.
Quise pisar al mundo que se mueve quieto y pálido bajo mis pies, pisarlo con más fuerza que la de mi inocua humanidad, con patas, con cuatro, la furia mitológica del unicornio fuera de si y yo arriba, sintiéndolo todo correr salvaje desde el lejano confín de las extremidades hasta el lujurioso latir de mi lacerante corazón
Quise que todos esos quereres se cristalizaran en un única sensación, voluptuosa y extrema, y ser ella, dejar de ser yo para ser ella sin más y sentir, solo sentir. Y en el intento encontré un ser quieto, yo, muertas las piernas y el cuerpo en renuncia, las vías cruzándome dos veces al medio y el definitivo acercarse del tren.
-Federico Temperley
Se sentaba frente a la inmensidad del océano a contemplar el incesante espectáculo de las olas. Esperaba con ansias que su teléfono sonara, cosa que ocurría de tanto en tanto. Cuando llamaban, ella era feliz.
-Diego Muñoz Valenzuela

Todo se imaginó Superman, menos que caería derrotado en aquella playa caliente y que su cuerpo fundido, serviría después para hacer tres docenas de tornillos de acero, de regular calidad.
-Jairo Aníbal Niño
Salieron de la vida en la salada mar. Caminaron felices y desnudos respirando el aire cálido. Tomaron del árbol un mango y compartieron su oloroso y dulce néctar.
Después todo fue Paraíso.-Izaskun Legarza
En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso. Cierta noche -todo el colegio, dormido- una estudiante traviesa salió a escondidas de su dormitorio y pintó sobre el suelo, entre ambos pedestales, huellas de pasos: leves pasos de mujer, decididos pasos de hombre que se encuentran en la glorieta y se hacen el amor a la hora de los fantasmas. Después se retiró con el mismo sigilo, regodeándose por adelantado. A esperar que el jardín se llene de gente. ¡Las caras que pondrán! Cuando al día siguiente fue a gozar la broma vio que las huellas habían sido lavadas y restregadas: algo sucias de pintura le quedaron las manos a la estatua de la señorita fundadora.
- Enrique Anderson Imbert
Descubrió que las palabras no podían tomarse al pie de la letra, pero ya no hubo remedio. De nada le sirvió saber que así no se ahogaban las penas cuando la sacaron rígida, fría, con barro en la boca y en los ojos, del fondo del aljibe.
-Lola Suárez
Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor. Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.
-Marco Denevi
Un pájaro soñó que era Chuang Tzu. Al despertar tenía brazos y no alas. Triste porque ya no podía volar, se dedicó a escribir. Una mariposa se posó en su ala y le dijo: No has despertado aún.
-Lilian Elphick
En la primavera de 1232, cerca de Aviñón, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el Conde.
Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda.
-¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D’Orville-. ¿Por qué me llenas de vergüenza?
-Porque soy débil -repuso-. De este modo simplemente me cortarán la cabeza. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.
-Manuel Peyrou