
Caperucita estaba aburrida: cada vez que un lector toma el libro y lee, termina primero baboseada y después tragada por el lobo, saliendo finalmente a través de una chapucera autopsia de cazador. Para acabar con este ciclo infernal, convenció a una amiguita de hacer sus veces y presentarse en la escena de marras con la canastilla munida de manjares. La abuela estaba muy viejita y no notaría la diferencia; le prometió cierto favor como recompensa, una vez la sencilla misión fuese cumplida.
Quiso verificar personalmente el desarrollo de los acontecimientos. En su momento, oyó los infantiles gritos que en el libreto marcaban, primero, la infructuosa negativa de la niña a dejarse comer por el lobo y, luego, su disposición en bocados convenientes a las costumbres de mesa de estos carnívoros.
Sólo entonces, contenta, Caperucita cogió su propio rumbo, con la deriva que suele caracterizar a un actor desempleado.
-Guillermo Bustamante Zamudio

La última mosca quieta que vi, fue la otra noche. Estaba en el centro de un cubito de hielo. “Cómo llegué hasta aquí”, sospecho que se preguntaba. Mirándola al trasluz del resplandor interno de mi heladera, observé su cara iridiscente ampliada por la curva del hielo hecho lupa. No tenía cara de frío; o ya era el frío.
-Andrés Sobico

Las plumas extendidas y el cuerpo escamado sobre el mineral grababan la piedra con todo lujo de detalles. Tras largos años de observación y análisis del mosaico prehistórico hubo por fin quórum en el laboratorio. La especie era, sin lugar a dudas, un reptil en proceso evolutivo hacia ave. Así lo aseveraba el eminente palenteólogo, a sus colegas venidos de las más prestigiosas universidades del mundo para escuchar su tesis.
Dentición perfecta, abdómen de rasgos reptilianos y todo un sinfín de datos científicos impresos en varios volúmenes lo confirmaban, el ejemplar era un archaeopteryx.
En el cielo siguen homenajeando a aquel famoso arcángel que venció a la serpiente del mal y sorprendido por un diluvio nunca regresó con su trofeo.
-Alejandro Gelaz

Se conocieron… ahí nació una promesa de amor eterno. Fueron uno hasta que él se fue, una muerte temprana lo arrancó de sus brazos.
Otro hombre apareció, un ser puro que la amaba tanto como áquel. Ella, cansada de la soledad y del dolor le abrió un espacio en su vida. Se casaron y lograron algo similar a la felicidad.
Ahora los tres intentan convivir en el más allá….
-Delfín Beccar Varela

Si nunca me extravié en el jardín de los senderos que se bifurcan es porque fui fiel al antiguo proverbio que exige: en la encrucijada, divídete. Sin embargo, a veces me pregunto, la felicidad, ¿no es elegir y perderse?
-Ana María Shua

En la víspera del nacimiento de su primer hijo, a Pedro Lapso se le cayeron varios objetos de las manos. Los más eran menudencias recuperables y su caída no produjo ningún quebranto. Sin embargo, otros eran objetos valiosos que estallaban con estrépito y pasmo. Era como si la fuerza gravitatoria se hubiese empeñado en demostrarle su omnipresencia. Asustado y temiendo males mayores con el niño, Pedro Lapso se amputó los brazos. Por eso no pudo evitar, aun estando a su lado, que a su mujer se le escurriese el bebé.
-Antonio Serrano Cueto

La alcachofa confundida en verdes dispares, se apoyaba en la mesa con un mutismo florido,alcanzando a la luz del quinqué, desenvolturas nada apetecibles. El trayecto de la canasta al vinagre le fue indiferente;hasta que una mano insertó pequeños trozos de queso, que se acomodaban irregulares tras las hojas.
La alcachofa se enfadó hasta el grado de la amargura, y al estar a punto de ser comida se estremeció indecorosa, enseñando entre sus faldones,gusanos rechonchos y satisfechos.
-Sergio Astorga

Esta Navidad, con mis padres, como siempre, de viaje, me sentía muy solo; pero desde que usted bajó por la chimenea ya no. Si se porta bien, cuando lleguen los reyes lo suelto…
-Gabriel Bevilaqua

Romeo yacía muerto en la tenebrosa cripta, asesinado por su propia mano, por su propio puñal. Todo había terminado. El corazón de los capuletos había recibido una puñalada certera. Cuando Julieta despertó de su fingida muerte observó el cuerpo sangrante de Romeo y supo que su plan había sido un éxito. Luego, esquivó el cadáver con desdén y abandonó la cripta. Afuera la esperaba un joven inglés, de apellido Shakespeare, con quien pronto se casaría. Mientras tanto, en la bulliciosa Verona la vida y el amor corrían por las calles como la moneda más corriente.
-Sandro Centurión

Unas monedas, pidió el mendigo tras su historia, así que el rey mandó que lo arrojaran desde lo alto del palacio, como ejemplo para sus súbditos de que el dinero requiere esfuerzo. Aun se cantan canciones de aquel día, en que el pueblo se indignó, y se alzó como nunca antes. Se aprendieron lecciones diferentes, aquel día. El rey también aprendió algo, aunque nunca pudo contarlo a nadie, y quienes le conocieron dicen que, antes de ser colgado, mantenía su porte y su arrogancia. Pero todo esto son historias que se cuentan, ya sabeis, a cambio de unas monedas, majestad.
-Jordi Cebrián