La Jeringa

por redacción el 11 Marzo 2010 — Categoria . López Guerra, Oscar, DEL CONCURSO

La lluvia resbala su torrente por la calle de tierra.
El agua que pasa canta sus penas y me remonta a otras lluvias que también lloraron cuesta abajo sus desventuras.
Y te veo parado ahí, con tus ocho años a cuestas, sonriendo tu felicidad despreocupada de niño pobre, para quien todo el mundo se reduce a chapotear descalzo en aquel riachuelo espeso y suelto como tus sueños incipientes.
Y el brutal contraste me deslumbra y me desconcierta, pues ahora, veinticinco años más tarde, nuevamente te observo de pie en medio de un torrente de luces, de dinero, de poder, sin que nadie pueda convencerme de que el agua de la fama que baña tus pies no es igual de espesa y sucia como los charcos de tu infancia.

En tus ojos oscuros como tu conciencia hay un dejo de nostalgia amarga, de culpa infinita que ningún mar de lágrimas podrá borrar.
Salve Rey de la droga. Lo lograste.
Pero la corriente se llevó tus mejores momentos, tus amigos de siempre, tu conciencia de infante, tus sueños de humanidad.
¿Qué harás hoy cuando cierres los ojos e intentes dormir?
Verás otro arroyo. Una larga fila de gente arrastrada por el vicio que vendes, por la muerte que entregas, por la felicidad que estafas.
Ah, si la acequia pudiera invertir su cauce y correr cuesta arriba. Si pudiéramos chapotear descalzos y lavar los sueños, quizá yo no sería un suicida a pausas.
Quizá tú no serías un verdugo social.

-Oscar López Guerra

Crimental

por redacción el 10 Marzo 2010 — Categoria . Beccar Varela, Delfín

Luego de que lo abandonara supo que la única opción que tenía para continuar con su vida era eliminar de su memoria cada vestigio de su ex mujer, debía desterrarla al olvido.
Un arduo trabajo psíquico de hipnosis y control mental le permitieron que en su memoria no quedara ningún rastro de ella: había logrado suprimirla, ya no existía.
Su esfuerzo mental por eliminarla había sido tan poderoso que jamás logró entender por qué, allá en febrero de 1984, lo condenaron por el asesinato de una fulana que nunca había conocido.

- Delfín Beccar Varela

Cita a ciegas

por redacción el 10 Marzo 2010 — Categoria . Gelaz, Alejandro

La ansiedad de conocerse precipitó el ensoñado encuentro. Todo fue mejor de lo previsto. Dos seres felices soñando al mismo tiempo. Ella se despertó cuando el bebé le dio una patadita. Él, estiraba sus brazos en líquido amniótico, perdidamente enamorado de su madre tras el sueño.

- Alejandro Gelaz

Juego genial

por redacción el 3 Marzo 2010 — Categoria . Bustamante Zamudio, G.

Las enciclopedias constatan la inconsistencia de las versiones sobre el nacimiento del ajedrez. Queda claro que no tuvo un origen único y que, gracias a un proceso de transformación constante, llegó al estado en que hoy lo conocemos, con sus ingeniosas e infatigables posibilidades.
Una de las mutaciones es la desaparición de una pieza y sus funciones específicas. Hoy sabemos de parejas de alfiles, caballos y torres, además de peones, rey y dama. Pues bien, parece que, entre el alfil y la dama, antes existía otra pieza: el gato. Uno solo era suficiente.
El gato no tenía reticencia en orinar el vestido de la dama, desobedecer al rey y hacer mofa de la solemnidad del alfil. Empujaba a los peones en formación, arañaba al caballo y cazaba pájaros encima de las torres. Era muy difícil sorprenderlo en la contienda. Debía ser eliminado siete veces. No avisaba jaque. Tomaba piezas en cualquier dirección como resultado de perplejantes saltos acrobáticos. En el gato del otro bando no veía un enemigo: era frecuente encontrarlos en rochela hacia el centro del tablero o remoloneando a la sombra de las piezas vencidas en batalla.
Tan maravillosa pieza del ajedrez se sacrificó, no sin sonoras quejas —y pese al respeto que culturas orientales brindan al animalito—, a nombre de la seriedad que hoy caracteriza al juego.

-Guillermo Bustamante Zamudio

Il pensiero debole

por redacción el 1 Marzo 2010 — Categoria . Vitale, Carlos

Una vez encima de las torres de la Sagrada Familia no encontrábamos a Peppino. Bajamos preocupados, pero ocurrió que no había subido porque se le había terminado la cinta de la cámara, y si no lo podía filmar ¿para qué quería verlo?

-Carlos Vitale