El hijo de Yocasta
Al pequeño no le gusta perder, sabe de la importancia de adivinar acertijos, salva. Madre e hijo juegan a los héroes con pequeños maniquíes articulados. A él le basta un cruce de miradas para atrapar lo irradiado por su progenitora. Sentencia esta complicidad un dictamen: ser el reflejo de un mito. Vaticinio desde su propio alumbramiento, parto inducido, cesárea tras la muerte de un infartado padre. Ahora el chiquillo le sonríe a su mamá mientras le arranca a los muñecos los globos oculares.
-Alejandro Gelaz
2 Comentarios »
Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada. TrackBack URI



El gran Edipo. Cuando intento pensarlo se me mezcla la letra de Les Luthiers con las imágenes de Passolini. Me desangustio así de tener dods hijos.
Imprescindible mito con precioso giro por usted dado.
Y la luna y Bertolucci. Claro. Demasiados retazos.
Un abrazo,
Izaskun
Comentario por Izaskun — Agosto 26, 2008 @ 7:52 am
Me gusta la inquietud que surge del cuento. Llegó a mí en su justa medida. Felicidades
Comentario por Lauren Mendinueta — Agosto 26, 2008 @ 11:01 am