La Cena
Conocí bien a mi padre muchos años después de su muerte. Fue por casualidad. Recibí por mail una invitación para acudir a una cena en un restaurante céntrico de Madrid: “En su calidad de experto en relatos, blá, blá, blá…” Cenas literarias las llaman, aunque allí hablamos poco de literatura. Uno de los comensales, crítico literario de un periódico nacional, insistía en hablar de política, de la crisis económica y las cuotas sociales. Otro de los invitados, un profesor septuagenario, conocido en los cenáculos literarios por su adición a las faldas, la emprendió con una de las ministras, una joven treinteañera de buen ver y mejor imaginar. Por su parte la editora que nos había convocado se quejaba de las vicisitudes de su profesión en España, donde los peces grandes engullen a los pequeños sin contemplaciones. Ella decía ser propietaria de una editorial modesta, pero la facturación del último año contradecía tal afirmación. De hecho, el premio de relatos que iba a convocar contaría con la dotación más alta de este tipo de certámenes.
Conocí a mi padre, como les digo, en aquella cena. También había sido invitado a la velada, aunque yo no lo sabría hasta semanas después, cuando tuve que leer El fantoche, el relato que firmaba mi madre con un seudónimo que a mí me sonaba a su nombre de guerra en los años universitarios: “Lisístrata”. Obviamente voté por ella.-Antonio Serrano Cueto
2 Comentarios »
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Antonio, tu cuento convence desde la primera línea. Felicitaciones
Comentario por Lauren Mendinueta — Septiembre 10, 2008 @ 10:42 am
Excelente relato Antonio, mis felicitaciones.
Comentario por samanta — Septiembre 12, 2008 @ 10:15 am