Eurídice
Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:
-Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.
Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos…
Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.
Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.
-José de la Colina
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En efecto, caballeros, volvióse él, añorador de éxitos, con su flautita y perdió a su musa y su futuro. Es lo que tiene.
Exquisito y muy bien ilustrado.
Felicidades.
Comentario por Izaskun — Septiembre 29, 2008 @ 9:05 pm
El amor y el interés fueron a pasear un día, y más pudo el interés que el amor que le tenía.
Comentario por Lola — Septiembre 30, 2008 @ 7:52 am
José de la Colina es extraordinario,escribe en el periódico http://www.milenio.com una columna que se llama: Cartas de Esmógico City y tiene un blog en la revista letras libres siempre es una delicia.
Minificciones ya es parte de mi equipaje.
Un abrazo.
Sergio Astorga
Comentario por sergio astorga — Septiembre 30, 2008 @ 11:09 pm